La isla del norte aparece poco a poco en el horizonte, como si fuera un espejismo. Los demás marineros te han advertido de que la isla está maldita, pero tu curiosidad es más fuerte que el miedo. Cuando te acercas a la isla, te fijas en que todos los árboles están muertos y no hay ningún animal a la vista. Te invade una sensación incómoda al comprobar que una quietud siniestra envuelve todo el paisaje.