Mientras deambulas por la blanca inmensidad de la isla congelada, te da la impresión de que no tiene fin. La nieve baila a tu alrededor con el viento y te entorpece la visión. A penas puedes distinguir la silueta de las montañas a lo lejos, con sus picos ocultos por las nubes. Te ciñes un poco más el abrigo y continúas caminando con dificultad.