Un relato del pasado, una profecía del futuro

Conocimiento

En el albor de nuestro mundo, todo existía como una masa energética y sin forma con posibilidades infinitas que se expandían ante ella. Lo único que hacía falta era un par de manos hábiles que pudieran moldearla a su antojo. Fue entonces cuando los cuatro intentaron, por turnos, perfeccionar sus habilidades para crear algo maravilloso. Transcurrió una incalculable cantidad de tiempo, durante el cual los dioses intentaron fabricar algo que tuviera un mérito duradero, y fracasaron.

Los cuatro eran Aeris, Glacia, Terran y Ragnar. Todos ellos intentaron estar a la altura de crear vida. Para crear algo con significado y que valiera la pena compartir. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, de manera individual no estaban conformes con lo que pudieron hacer. Frustrados por su falta de progreso individual, finalmente, aunaron sus poderes y crearon la tierra conocida como Melvor.

Los cuatro solían aconsejarse entre sí. Compartían impresiones y éxitos y se animaban durante sus fracasos. Al principio, todos vivían en armonía, se contemplaban por igual las contribuciones de todos. Todo funcionaba a las mil maravillas hasta que... nos crearon, a los vorloran que habitamos este mundo. Nosotros. Los cuatro experimentaron divisiones considerables sobre cómo liderarnos, guiarnos y desarrollarnos. Aunque nunca habían sufrido desacuerdos de tal magnitud, esto fue demasiado para dejarlo pasar cordialmente. Los dioses sucumbieron al descontrol, no dejaban de discutir entre ellos por sus cargos, el poder, y cómo liderarnos...

Cuando los cuatro se separaron, también lo hizo nuestro mundo. La guerra se extendió por todos los territorios, alentada por los dioses, que se negaban a superar sus diferencias. Cegados por su creciente odio para con el resto, ninguno pudo ver el plan de Malcs, líder de los dragones menores. Con una ingente cantidad de daño y poder, los cuatro fueron sellados y contenidos por el alma de Malcs, quien fue venerado por la población de Melvor por tal hazaña. Sin la interferencia de los cuatro dioses ni motivos por los que seguir luchando, la que había sido una guerra brutal y feroz acabó casi de la noche a la mañana.

Malcs, tras invertir tanto poder, se sumió en un exilio autoimpuesto para recuperar fuerzas y protegerse contra aquellos que podían intentar destruirlo en su débil estado. Pasaron muchos años, y Malcs se ató a su nuevo hogar. Las leyendas de sus riquezas y poder nunca cesaron y muchos lo buscaron. Nada permanece oculto para siempre, ni siquiera el líder de los dragones menores. Malcs se defendió durante años, intentando mantener encerrados a los cuatro que había vinculado a su alma... hasta que el lazo se rompió.

Cuando su cuerpo se hizo añicos, los cuatro volvieron a quedar libres. Cuatro pilares de luz ascendieron hacia el cielo:

Aeris, la diosa del aire, de plata radiante. Glacia, la diosa del agua, de azul tenue. Terran, el dios de la tierra, de verde musgo. Y Ragnar, el dios del fuego, de rojo ardiente.

Los cuatro llegaron al confín de Melvor. En el extremo de estos rayos de luz surgieron mazmorras que rivalizaban con los reinos más grandes y opulentos, tanto en tamaño como en majestuosidad. Enfadados por su encarcelamiento, sus temperamentos estallaron de nuevo y los dioses alzaron a ejércitos para destruirse unos a otros. Contigo en el centro de todo esto, ¿qué pretendes hacer con lo que has causado en el mundo?

Requisitos

  • Completa Cueva volcánica una vez.