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Conocimiento
Los vorloran fueron una raza de gente que adoraba a los dioses y que difundió su influencia por todo el mundo con fervor. Construir santuarios e iglesias, reunir ofrendas y propagar la palabra de los dioses era algo común. A cambio, los dioses bendecían cosechas, invocaban lluvias para extinguir fuegos y concedían fuerza a los necesitados. Las cosas funcionaron así durante muchos años, sin quejas de ninguna de las partes.
El pueblo escogió a un grupo especial de guerreros sagrados a los que bautizaron como los Guerreros de Vorloran. Este grupo tenía la tarea de erradicar y matar a cualquier criatura maligna que apareciera en Melvor, eliminando corrupción y la oscuridad del territorio. Entre los Guerreros de Vorloran, surgió una líder llamada Ahrenia. Aceptó con gusto el rol de comandante y lideró a los guerreros con sabiduría, ganándose con rapidez una fama por sus buenas acciones y su habilidad en el combate.
Cuando la guerra entre los dioses dio comienzo, su repentina desaparición dejó a los Guerreros de Vorloran solos en su lucha contra el mal. Sus armas y armaduras ya no contaban con las bendiciones que les habían protegido y, sin ellas, su dependencia de los dioses los había dejado desprotegidos. La inquietud comenzó a extenderse por sus filas ante el temor de que en algún momento apareciera un mal imparable. Sus miedos se hicieron realidad cuando llegaron rumores de una peligrosa bruma que se acercaba.
La bruma, que al parecer había surgido de la nada, ya estaba destruyendo las ciudades periféricas de Melvor. Por lo visto, esta era capaz de controlar a los monstruos, convirtiéndolos en una horda asesina de no muertos liderada por un ser oscuro a quien los supervivientes llamaban Bane. Los Guerreros de Vorloran, debilitados, intentaron en vano proteger a la mayor cantidad de gente posible, pero uno por uno... cayeron ante el ejército de monstruos. Ahrenia, desesperada por hacer lo que fuera necesario para salvar a su pueblo, viajó al lugar de reunión de los dioses, conocido como la Torre del Milenio, ubicada en la capital de Vorloran. En el interior de la torre no había ningún dios, solo una figura con capa que se hacía llamar «El Heraldo». La figura le ofreció el poder que necesitaba para salvar a su pueblo y, a pesar de sus dudas, lo aceptó.
Aunque la bruma había destruido múltiples ciudades y pueblos, todavía quedaba mucho que salvar, y Ahrenia regresó apresuradamente para hacer todo lo posible. Al ver a su heroína volver, muchos lo celebraron y reunieron armas, listos para pelear contra el ser oscuro con un vigor renovado. Marcharon con canciones en sus corazones, con Ahrenia a la cabeza. Pronto dieron con el ejército de Bane y se encontraron con este ser cara a cara. Con un grito, Ahrenia cargó, blandiendo su espada reluciente, con los Guerreros de Vorloran tras ella. Su maestría en el arte del combate brillaba en el campo de batalla. Su espada atravesaba a todos los que intentaban atacarla a la velocidad de la luz. Sin esfuerzo aparente, desplegaba su arco para ayudar a la gente que la rodeaba y usaba la magia para liquidar a cientos en un abrir y cerrar de ojos. Sus hombres la seguían de cerca, intentando mantenerla a salvo para que lograse concentrarse en liderar y lanzar hechizos. Sus hombres gritaban de dolor o furia con frecuencia mientras luchaban con desesperación contra las hordas infinitas.
Poco después, Ahrenia se encontró cara a cara frente a Bane, que intentó a la desesperada hacerla retroceder con torrentes de magia. Ella siguió avanzando, golpeando a Bane una y otra vez, golpes que este le devolvía con una fuerza similar. Cuando ambos habían sufrido un daño significativo, Ahrenia reunió fuerzas y apuntó su espada hacia el cielo. Un rayo de luz dorada descendió de los cielos, disipando la bruma. Bane, que solía permanecer en silencio, profirió un grito espeluznante. «¡Heraldo! ¡Te he fallado!». Ahrenia dudó al oír el nombre del Heraldo, pero, confiando en su fuerza, la dirigió contra Bane. Justo cuando el borde de la luz dorada perforó la carne fétida y podrida de Bane... se detuvo. Igual que ella. Miró a su alrededor, aterrorizada, a medida que la bruma volvía a surgir a su alrededor, engullendo a sus hombres y bloqueando la luz del sol. Intentó gritar, pero no pudo. Lo último que vio fue una figura con capa que se acercaba.
Ahora, te ofrece el poco poder que le queda: «Vorloran, debes encontrar un modo de detener al Heraldo, cueste lo que cueste. Busca por tierra y mar cualquier cosa que pueda serte de ayuda; eres nuestra última esperanza».
Requisitos
- Completa
Hacia la bruma una vez.