Libro X

Conocimiento

"Es para ti", dices, y ejecutas el golpe definitivo. A medida que la luz se desvanece de sus ojos morados, la figura sin vida del Heraldo se funde en una bruma oscura. Dejas caer tu espada con un golpe sordo. Se acabó. Has ganado.

Un gemido emerge de un lado de la estancia: ¡Malcs! Corres a su lado, con la esperanza de que una de tus pociones de regeneración pueda ser de utilidad. Sin embargo, no funciona: la aflicción se ha asentado y la herida del costado de Malcs está infestada de sombras lúgubres.

"Me has salvado", dices, con los ojos llenos de lágrimas. El gran dragón emite una especie de gruñido y se levanta lentamente.

"Tienes el poder de salvar a todo Melvor. Comparado con eso, mi sacrificio no es nada".

Rodeas la cabeza de Malcs con los brazos y la mantienes cerca de ti, como si eso lo fuera a salvar de la aflicción.

"Esto no es posible", dices. "No puedes morir... Eres quien encierra a los dioses, ¡quien nos salva a todos!"

Te giras para mirar los cuatro tronos, ennegrecidos por el ataque de fuego de Malcs. Mientras los observas, titilan y vuelven a su estado impertérrito. Al ver cómo la última magia del Heraldo los envuelve, comienzan a brillar. Malcs y tú intercambiáis una mirada aterrorizada y tú corres a la ventana, donde ves cuatro rayos de luces de colores que se elevan en el horizonte: plata radiante, azul tenue, verde musgo y rojo ardiente.

Los dioses han despertado y pronto su guerra comenzará de nuevo.

"Debo irme", dice Malcs, poniéndose en pie con esfuerzo. "Los míos tenemos que prepararnos para la lucha que se avecina. Hay que encerrar a los dioses".

"Espera...", dices. "La aflicción... ¡Tiene que haber algo que podamos hacer!"

"Los dragones somos sabios y longevos", sugiere Malcs. "Uno de ellos sabrá la respuesta".

No suena muy convencido.

Pero, espera... Ya conoces a alguien que se ha enfrentado a la aflicción y ha vivido para contarlo: ¡Ahrenia!

"¡Malcs, espera!", lo llamas. El gran dragón se detiene y se vuelve hacia ti.

"La maldición de Ahrenia... ¡Quizá matar al Heraldo la ha curado! ¡Quizá sepa el modo de curar la aflicción!"

Malcs asiente, pensativo.

"Entonces, tienes que volver con ella. Ven conmigo".

Con indecisión, evitando su herida, trepas a lomos de Malcs. Bate las alas, creando una enorme ráfaga de viento al despegar y echa a volar fuera de la torre. Te aferras a su lomo, reafirmando tu determinación. ¿Estará curada Ahrenia de verdad? Si es así, ¿será capaz de ayudar a salvar a Malcs? Mientras sobrevoláis el paisaje en ruinas de las Regiones Exteriores, recuerdas las palabras del nigromante: hay magias que son demasiado peligrosas como para sobrevivir.

El Heraldo ya no está, pero mientras su magia prevalezca, cualquiera podría usarla para dañar a otros..., para destruir todo Melvor.

Solo hay un modo de detener esta locura: tienes que averiguar cuál es la fuente de su magia y extinguirla antes de que sea demasiado tarde...

Requisitos

  • Completa Trono del Heraldo una vez.