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Conocimiento
La reina araña cae fulminada, intentando agarrar sus heridas. Te diriges a la salida, pero extiende una pata temblorosa hacia ti.
"Espera..., criaturita...", dice. "El camino a la Torre del Milenio..."
Te vuelves con interés para oír lo que quiere decir. Tiene dificultades para hablar, pues la cueva tiembla a su alrededor. Debes de haber quitado los apoyos de madera podridos en la lucha.
"Tienes que... encontrar... a los nigromantes. Rompe su maldición. Pero cuidado con..."
Sus últimas palabras quedan ahogadas por un sonido de temblor que agita la cueva. Cientos de arañas emergen de las fisuras de la roca y corren hacia ti. Te preparas para otra lucha, pero te pasan de largo, huyendo por cualquier camino que encuentran. La reina araña se ha encogido sobre sí misma, muerta. Aquello de lo que quería advertirte tendrá que esperar... ¡Hay que correr!
Según corres hacia la salida, una estalactita colosal cae del techo y se estrella contra el suelo con un estallido, bloqueando la entrada. Te giras, buscando una alternativa. ¡Ahí! Las arañas más grandes están apiñándose para pasar por una grieta de la roca. Atraviesas el mar de cuerpos arácnidos e introduces tu espada en la grieta. Empujas con todas tus fuerzas, con la esperanza de que tu palanca improvisada aguante.
Se oye un raspado horrible cuando el muro se derrumba y deja ver un túnel estrecho. No hay tiempo para preguntarse adónde lleva; lo atraviesas corriendo con media docena de arañas detrás. Corretean hacia la oscuridad, dejándote a solas para seguir.
No se ve nada en la oscuridad pegajosa del túnel. Tienes la sensación de que estás subiendo y, a medida que el túnel se va ensanchando, sientes una brisa fresca en la piel. Bajo tus pies, la piedra dura se convierte en losas colocadas cuidadosamente. Antes de que te des cuenta, ves luz delante que se cuela por una especie de rejilla: ¡Una salida!
Trepas por una escalera que hay ahí oportunamente y empujas con cuidado la rejilla, que emite un chirrido de metal oxidado. Después de haber pasado horas en la penumbra de la cueva de la reina araña, el sol vespertino casi te ciega, pero cuando te haces a la luz, te recibe la visión de una calle de ciudad muy bien mantenida. Los propios adoquines parecen brillar con el sol de la tarde. En los balcones y los alféizares de las ventanas hay macetas llenas de flores de todos los colores del arcoíris. A los lados de la calle hay puestos de mercado que venden todo tipo de productos interesantes, pero todo está en silencio. ¿Quizá la gente esté en otra parte?
Con cuidado, trepas fuera y comienzas a explorar. Llenas tu cantimplora en la fuente borboteante de un patio. Paseas por callejones y miras por las ventanas, pero no hay señales de que nadie viva aquí. Sin embargo, hay muchos suministros. Las tiendas están llenas de fruta y verdura de todo tipo, y no tienen ni una mota de polvo. Dado que no hay nadie cerca, entiendes que puedes comer un poco. Luego algo más. Ya que estás aquí, podrías meterte algunos limones en la mochila.
Antes de que te des cuenta, se está poniendo el sol. Las calles brillan, iluminadas, mientras das un buen bocado a una manzana fresca y jugosa. Podrías acostumbrarte a esto..., aunque no puedes evitar preguntarte adónde ha ido la gente.
Tu respuesta no se hace esperar: en cuanto el sol se hunde tras los chapiteles de la ciudad, oyes un ruido que te pone los pelos de punta. Es un sonido bestial que, de pronto, parece resonar a tu alrededor. Te pones en pie, con escalofríos, y te preparas para luchar.
La primera bestia emerge corriendo de entre las sombras de tu izquierda, enseñando los dientes. Te tambaleas hacia atrás y sus afiladas garras te rozan el peto, dejando un corte oscuro e irregular en tu armadura. ¿Magia sombría? Sin dejarte ni un momento para pensar, una segunda criatura, esta vez humanoide, avanza dando tumbos por el callejón que tienes delante y emite un grito de guerra gutural. Sin dudar, cargas contra ella con tu espada. Impactas y su cabeza cae al suelo, dejando una mancha oscura en el adoquinado. Luego, con pánico, ves que las sombras que rodean la cabeza de la criatura se vuelven a fusionar. La criatura gruñe y se tambalea hacia ti de nuevo.
¡Son invulnerables! ¡Tu espada es inútil! En pánico, retrocedes hacia el edificio. Quizá puedas atrincherarte dentro. En ese momento te percatas de que el cerrojo de roble macizo de la puerta está en medio de la habitación, partido por la mitad. Claramente, alguien ya lo ha intentado antes... y ha fracasado.
Cuando la primera criatura salta directamente a través del escaparate de la tienda, los cristales salen despedidos por toda la sala. Buscas a tientas tu varita y lanzas un Golpe de fuego en su dirección, esperando que la magia funcione donde el acero no ha podido. No lo hace. De hecho, la bola de llamas falla por mucho, pero la bestia se encoge con un grito de agonía atronador y, mientras la llamarada ilumina la estancia, se convierte en polvo. ¡Claro! ¡La mejor forma de eliminar a una sombra es la luz!
Con rapidez, coges la barra de cortina de la ventana y enrollas la tela a su alrededor antes de embadurnarla de llamas. Sales al exterior, blandiendo tu antorcha improvisada, y las criaturas sombrías reunidas retroceden, siseando de dolor.
Por ahora estás a salvo, pero tu antorcha no durará mucho. ¡Tienes que salir de aquí! Sigues avanzando por la calle principal de la ciudad, apartando a criaturas sombrías cada vez que se acercan demasiado. Son de todas las formas y tamaños, pero todas tienen una cosa en común: están enfadadas, y enfadadas contigo. Quizá deberías haber dejado la fruta..., o quizá te hayan tomado por alguno de los ciudadanos anteriores. A medida que te abres paso entre las oleadas de sombras, te preguntas qué habrán hecho los habitantes de esta ciudad para inspirar tanto odio...
Requisitos
- Completa
Guarida de la reina araña una vez.