Buscar
Sin resultados
Conocimiento
Han pasado días desde tu encuentro con Ra'Zu. Esperabas hallar respuestas en las Regiones Exteriores, pero, en lugar de eso, solo has encontrado devastación. Si alguien vivió aquí alguna vez, hace mucho que ya no es así. Las ruinas de piedra marcadas por rayos que emergen del barro gris son el último testamento de una civilización perdida hace mucho tiempo. Una campana solitaria que permanece en la torre de un templo en ruinas tañe sin energía cuando una ráfaga de viento atraviesa la quietud del pantano. Te estremeces. ¿Es este el destino que espera a Melvor si no consigues detener al Heraldo y a sus esbirros?
Es complicado saber si estás avanzando o si te desplazas en círculos. ¿Cómo ibas a saberlo? Todo es igual. Solo puedes limitarte a poner un pie delante del otro y a dejar que pase el tiempo. Solo existen el aquí y el ahora. Y la esperanza..., eso siempre.
Una mañana te percatas de que el sol sale de una forma interesante en esta región. Es como si el tiempo se detuviera un momento y el sol estuviera quieto durante aproximadamente una hora. Mientras presencias este espectáculo, ves algo distinto en el horizonte: una luz sutil que te atrae hacia ella. ¿Será este el camino a seguir? Solo puedes fiarte de tus instintos. Decides dirigirte hacia allí.
A medida que te acercas, la niebla es más densa. Sientes cómo el corazón te late más rápido. Tienes una sensación de victoria, quizá estás abriéndote camino... También tienes miedo, pero no es momento de recelar. La niebla ya es demasiado densa, no ves ni tu mano ante ti, pero sigues avanzando.
Por fin, la niebla comienza a disiparse. Ves algo ante ti: hay acantilados que parecen erguirse más arriba y te llega el agua a los tobillos. Es un lago amplio, pero lo bastante poco profundo como para cruzarlo a pie. Sigues avanzando, con el frío glacial lamiéndote los tobillos.
Al salir del lago solo tienes un posible camino que seguir: una apertura estrecha en el acantilado de delante. Trepas por la orilla, pisando guijarros. Llegas a la entrada de la cueva y te agachas para acceder. Tiene que haber una salida.
Reduces el paso conforme la cueva se oscurece. En medio de la oscuridad total te encuentras yendo a tientas, orientándote a ciegas con solo el tacto frío de las piedras y de los escombros para guiarte. Tampoco hay ruidos, salvo el goteo del techo de la cueva y su eco. Parece que estés entrando a una caverna mucho más grande.
Por fin, ves un rayo de luz por encima delante de ti. Proyecta sombras inquietantes por las paredes y por fin te haces una idea de la amplitud del espacio que te rodea. Ahora, muy sutilmente, también oyes nuevos sonidos: son ruidos de rapidez que emergen de tu alrededor. Avanzas con inquietud creciente y respiración agitada. La delgada luz hace destellar telarañas plateadas que hay tendidas entre las piedras en torno a ti.
Ves algo por el rabillo del ojo y te giras con miedo. Tres arañas enormes avanzan.
Gritas y buscas tu espada. Te rodean en un instante, colocándose en una formación espeluznante. Das vueltas, lanzando estocadas. La primera araña cae, pero en cuanto sacas la espada de su lomo, la segunda te derriba.
Jadeando, impulsas la espada hacia arriba, dando a la segunda en el pecho. Las patas de la tercera te están acorralando, pero lanzas un golpe con fuerza para alcanzar su pata trasera y la cortas en dos. La araña se cae hacia atrás y tú ruedas hacia delante, cortándole otra pata y hundiéndole la espada en el pecho.
Te tomas un segundo para recuperar el aliento y esperas a que las sacudidas cesen antes de sacar la espada. Te pones en pie, te sacudes el polvo y comienzas a acercarte lentamente al hueco iluminado. Ves una gran maraña encima de ti donde múltiples telarañas se unen, ¿o es una sola muy grande? Parece gigantesca como para ser obra de las tres arañas a las que has derrotado...
Te distraes y te resbalas. Tienes una sensación repentina de profundidad. Estás cayendo.
De repente, algo te frena. Caes hacia detrás, levantando una nube de polvo. Te has topado con una telaraña enorme y pegajosa. Te revuelves, intentando escapar desesperadamente, pero eso solo lo empeora. Grandes nudos de seda empapada te ahogan cuando gritas. De pronto, oyes una vibración profunda cerca, seguida de un chillido que te hiela la sangre.
Giras la cabeza a medida que más telaraña se estira sobre tu cara, oscureciendo tu visión. Por desgracia, no lo suficiente como para cegarte ante la terrorífica imagen de lo que se acerca: unas largas patas con movimientos diabólicos. No corre: su paso es firme y majestuoso. Es gigantesca. Seis ojos te miran fijamente: ¡La reina araña!
"¿Qué te trae por aquííí, criaturita?"
"¡Mmm-mmf! ¡Mmmmf!"
La reina araña pone los ojos en blanco, lo que es un espectáculo, y corta la tela que te ata con un solo golpe de su enorme pata. Caes al suelo, respirando con dificultad.
"Criaturita, tienes que irte por donde has venido, o me temo que tendré que destruirte".
"Busco la Torre del Milenio", dices, sin aire, "para salvar a mi pueblo".
La reina araña inclina la cabeza hacia un lado y pía. Te parece que intenta reírse.
"Este es mi hogar, criaturita. Mi oscura cárcel. Ha dicho que debe ser así. Me envió aquí, a oscuras, sin nada más que criaturitas a las que comerme".
"¿No puedes marcharte?"
La reina araña pía de nuevo.
"¿Crees que el mundo funciona así? Qué maravilla... Nadie puede marcharse, no sin que nos lo permita".
"Yo creo que tenemos voz y voto sobre lo que hacemos con nuestras vidas. Tomamos decisiones".
"¡Pues qué gracia que tus decisiones te hayan traído hasta aquí, criaturita! ¡Y ahora vas a morir!". Se echa hacia delante, con provocación, respirando en tu mejilla: "Dime, criaturita: ¿estás conforme con tu decisión?"
Conforme la reina se inclina hacia delante, rechinando los colmillos, ves algo: tiene una marca extraña por todo el lomo. Casi parece una cara grabada en verde, pero sus ojos no son verdes. Los orbes que te devuelven la mirada son, sin duda, morados.
"¡Espera!", exclamas.
"¿Qué ocurre?", dice, sonriente, la reina araña: "No es de buena educación hacer a una dama esperar para cenar..."
"¿Qué es esa marca de tu lomo?"
La expresión de la reina araña cambia, y masculla:
"Ni lo menciones".
"Fue el Heraldo, ¿verdad? ¿Te maldijo él?"
"¡NO LO MENCIONES!", grita la reina araña, agarrándose la cabeza. Aprovechas la oportunidad para coger tu espada, lo que es una suerte, porque cuando deja al descubierto sus múltiples ojos, todos están llenos de ira...
Requisitos
- Completa
Región de relámpago una vez.