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Conocimiento
Aunque Bane ya no esté, la tormenta siempre está presente. La capital está envuelta en la penumbra, repleta de monstruos innombrables que acechan en las sombras, furiosos y arañando. Las ventanas están cerradas, las calles vacías y las familias se reúnen en silencio, a oscuras.
Una de esas familias te ha acogido en su hogar, pero no se trata de una visita cordial. Esta es tu base de operaciones. No hablas con ellos, ni ellos contigo, para que tus planes no se descubran..., ni para que lleven más cargas sobre sus hombros en cuanto a mantener tu ubicación en secreto. No sabes nada de sus vidas o identidades, salvo las débiles pistas que desvelan los ojos cansados y tristes de los niños. Se mueven en silencio por la casa, susurran entre sí, preparan sopa y rezan. Quieres darles el pésame por todo lo que han perdido, pero las palabras se te atascan en la garganta. ¿Qué decir?
Antes de volver a la ciudad, Malcs te dio un talismán extraño. Un amuleto de piedra. Lo tienes siempre al lado de la cama, por lo que lo miras de vez en cuando. El líder de los dragones te lo había dado solemnemente, como si prefiriera no haber tenido que hacerlo.
"El camino que vas a recorrer es peligroso... Toma esto. Lo necesitarás. Me necesitarás a mí".
Aceptaste el amuleto con reverencia, aunque a primera vista había poco que lo diferenciase de cualquier trozo de piedra normal. "¿Para qué es?"
"Es... protección. No te preocupes por ello por el momento. Solo podrás... usarlo una vez, pero sabrás reconocer el momento. Lo sabrás".
En el camino de vuelta a la ciudad, Ahrenia ha desarrollado una extraña enfermedad. Las heridas del enfrentamiento con Bane se han vuelto a abrir y ha estado sufriendo ataques raros mezclados con un largo letargo. Apenas tiene apetito para comer, pero nada parece nutrirla de todos modos. Está demacrada, débil..., muy alejada de la figura heroica que los ciudadanos veneraron.
Vuestros anfitriones son demasiado educados como para hablar de ello, pero está claro que su estado agrava su ansiedad. Se supone que esta es su gran heroína, y aquí está, languideciendo en la cama, usando sus últimas energías para tiritar involuntariamente. Por supuesto, han jurado silencio. La ciudad no debe saber nada de su presencia o de su triste estado. Deben creer que está bien y preparada para defenderlos. ¿No es ese acaso el mito unificador que la gente necesita, una heroína que pueda mantener sus esperanzas y apaciguar sus temores?
Una noche, te acercas al lecho de Ahrenia. Ha pasado casi una semana. Necesitas un plan. Avanzas hacia delante o, al menos, hacia algún sitio, antes de sucumbir a la misma fatiga que tu amiga caída. Ella alza la mirada hacia ti desde la almohada. Los ojos están vacíos de su brillo decidido habitual y tiene los labios pálidos.
"Sé dónde podemos encontrar a los dioses", dice, antes de que puedas hablar. "Dónde puedes encontrarlos. Sé que es el momento... Lo siento, no puedo acompañarte".
Te acuclillas al lado de la cama: "Sí..., quería decirte que yo tengo todo listo. Pero veo que tú no. La gente nos necesita. He hecho esto antes..., puedo hacerlo de nuevo".
Ella sonríe débilmente: "Claro que puedes, pero antes tenemos que encontrar la Torre del Milenio y, para eso, necesitas...", se detiene para toser, y emite un sonido sibilante cada vez que inhala. "Necesitas que te asistan. Ayúdame a levantarme, por favor".
La ayudas a sentarse. Cierra los ojos e inhala una vez, profundamente. Luego exhala. Con los ojos aún cerrados, comienza a hablar.
"La Torre del Milenio es donde yo... me convertí en lo que soy. Fue allí donde recibí mis... poderes. Era un lugar en el que los cuatro confluían en la época en que estaban juntos en armonía. Ahora que han vuelto, seguro que regresarán a la torre".
Asientes, recordando la llegada de Bane y el extraño edificio que se erguía en la bruma más allá. "¿Y cómo encontramos...? ¿Cómo encuentro la torre?"
Ahrenia comienza a toser. Esperas hasta que esté lista para seguir.
Recuerdas haber oído hablar de esta selva en las tabernas, y los especulativos debates regados con cerveza sobre su malévolo laberinto. Una vez sobrios, nadie aceptaba la idea de que un lugar así fuera siquiera real. Sin duda, nadie que hubiera afirmado que iba a aventurarse en el laberinto había vuelto para contarlo.
"¿Qué sabemos de esa selva? ¿Hay alguna información?"
"Los supervivientes de la selva son solo eso, supervivientes. Lo cierto es que es una especie de laberinto. Los aldeanos indicaron que parecía... 'tener vida', como si se adaptase y retorciese alrededor de quienes entran. Como si quisiera escupirte o tragarte del todo".
La sola idea te perturba. Cuando el mundo ha parecido malévolo, al menos lo sientes caótico, inconsciente de los horrores que afligen a sus habitantes. La noción de acceder al vientre de una bestia consciente y desconocida, de ir cortando follaje buscando un lugar que podría no existir no te atrae, pero ¿qué alternativa tienes?
"Haré lo que sea necesario. Pero ¿y si no lo merezco? Has dicho que el camino a la torre solo pueden verlo las personas merecedoras de ello".
"No lo mereces", responde directamente Ahrenia. "En este momento, quiero decir. Lo siento. No es nada personal, entiéndeme".
"Ah".
"Pero puedes llegar a merecerlo. Con eso puedo ayudarte. Cierra los ojos".
Obedeces y te sientas en el incómodo suelo. En el largo silencio que sigue, sientes la tentación de abrir los ojos... ¿Sigue ella...?
De repente, notas una luz cegadora al otro lado de tus párpados. Ahora no te atreves a abrirlos. ¿Dónde estás? Sientes que estás... o que el mundo que te rodea... gira. Una sensación de velocidad, distancia y calor.
Y luego..., chas.
Abres los ojos: Ahrenia está sobre la cama, parece dormida. Como si no hubiera pasado nada. Pero sientes que ha tenido lugar un proceso extraño. Y así, sin más, sabes adónde tienes que ir. La selva te llama, y el laberinto... y el santuario antiguo. Es el momento.
Requisitos
- Completa
Evento de Oscuridad inminente una vez.