El primer héroe y un mal desconocido

Conocimiento

A pesar del desequilibrio que conllevaría la caída de los dioses, fue un mal necesario. Hubo una época en la que fueron los creadores del mundo, desempeñaron la tarea de fabricar todo lo que este contenía y desarrollaron sus creaciones para albergar vida y complejidad. Con el paso de los años, surgieron las discusiones, y la furia sobre cómo liderar y crear originó peleas y guerras con innumerables víctimas. La caída de los dioses ha desembocado en una época de celebración y sanación junto con un descanso muy necesario para ti, que has dormido en paz desde la derrota de los dioses.

La capital de Melvor ha sido un lugar de paz y exultantes festividades, con apenas un minuto de calma en las calles desde que los héroes regresaron. El júbilo y las fiestas sofisticadas no cesaban mientras una amenaza siniestra tomaba forma en el horizonte, inadvertida por todos.

Por fin, despiertas de tu sueño y sales de la sencilla aunque acogedora fonda en la que te habías alojado los últimos días. Frotándote los ojos, soñolientos, reflexionas sobre la inquietante y repentina calma en la que se ha sumido Melvor de la noche a la mañana. Un manto de bruma densa de ónice ahoga el cielo con bucles fantasmales de una sustancia oscura como la tinta que entra y sale por las ventanas y los marcos de las puertas. Aunque te asomas a las tiendas y observas las calles, no hay nadie a la vista, y los puestos, juegos y alimentos parecen haber sido abandonados a toda prisa y sin motivo aparente.

Sigues avanzando, dirigiéndote a las puertas principales de la capital. Cuanto más cerca estás de esas amenazadoras puertas, más gente ves reunida a tu alrededor, aparentemente congelada en el sitio, delante de la entrada, que está totalmente abierta. Los llamas, pero de tu garganta no emerge ningún sonido. Intentas correr, pero te percatas de que no puedes. Parece que el hielo se hubiera introducido en tu cuerpo, congelándote. Tras caminar fatigosa y lentamente durante lo que te parecen horas, los ciudadanos están muy cerca y puedes ver sus retorcidas expresiones de terror y miedo mirando más allá de las puertas.

Atraviesas la silenciosa multitud y sigues su mirada, que se pierde en el horizonte, en una torre en ruinas en la distancia. Por las ventanas y grietas del pilar rezuma una bruma negra, que sale sin parar a un ritmo terrorífico, a pesar del estado aparentemente congelado de todo lo demás. Alzas el brazo para tocar la torre y ves cómo tu mano queda sumida en la bruma con rapidez. Tus pies siguen el mismo camino, por mucho que intentas desembarazarte de la sustancia a patadas. La bruma te paraliza y avanza por tu cuerpo, tirándote al suelo. Te inunda la boca y los pulmones cuando intentas gritar. Las cosas se vuelven... mucho más frías. El calor es extraído de tu cuerpo, dejándote un amargo escalofrío que te congela por completo. A pesar de tus esfuerzos, te consume rápidamente, introduciéndote en la tierra congelada.

Con un chasquido repentino, la luz vuelve a titilar y el frío se desvanece de tu cuerpo casi con la misma velocidad con la que había aparecido. Aunque notas el calor, sigues sintiendo una... contaminación. Como una enfermedad. Miras a tu alrededor y ves un techo abovedado y oscuros adoquines. La luz de las estrellas se filtra en la sala, iluminando grandes ilustraciones de guerreros ataviados de oro y un trono antiguo. En la estancia hay otros cuatro tronos más pequeños, aunque están vacíos, y parecen llevar siglos así. Desde el trono principal oyes una risa vigorosa seguida de un par de tosidos cortos y ásperos.

«Hacía mucho que un vorloran no conseguía entrar en mi torre. Entiendo que has venido a matarme, ¿verdad?»

Comienzas a hablar, pero en lugar de voz emites una tos profunda y expulsas restos de bruma oscura de los pulmones. «¿Quién eres?», dices con voz ronca.

«Soy un ser que no eres capaz de comprender. Por decirlo de forma sencilla, puede que sea tu ruina, aunque el tiempo dirá. Por el momento, simplemente, quién soy no es relevante».

Intentas desenfundar tu arma, pero la bruma negra que inunda la sala te detiene con rapidez. «Eso no será necesario. Nadie debería entrar en una casa y amenazar al dueño. En cuestión de segundos, puede que... acabe incapacitado». Una sonrisa enfermiza llena de dientes surca el rostro del ser. La figura de la capa niega con la cabeza y sigue hablando: «La derrota de los dioses ha sido impresionante, pero aún debes enfrentarte a tu prueba verdadera. Hay que detener a la muchacha».

La figura de la capa extiende la palma de la mano hacia ti: «Ahora, márchate». Oyes cómo susurra «Ret Nni Iwm Ete Ami Its Lu The» antes de cerrar la mano. Parpadeas y te encuentras muy, muy lejos de Melvor. La gente pasa a tu lado a toda velocidad, casi tirándote al suelo. Parece que el tiempo se haya restablecido.

«¿Qué ocurre? ¿Adónde vais todos?», preguntas a un transeúnte que te mira fijamente.

«Todo ha terminado. Coge lo que puedas y corre lo más rápido posible. Que la bruma no te atrape». Desaparece con rapidez, mientras se le van cayendo objetos y pertenencias al correr.

Con gran confusión, te acercas a una mujer que se encuentra agazapada en una esquina, llorando desconsolada. «¡Se ha ido! ¡Estamos condenados! ¡Ya no hay esperanza!»

«¿Quién? ¿Quién se ha ido?»

«Ahrenia…, nuestra heroína. Se adentró en la bruma… y nunca regresó».

Retrocedes, con más confusión aún. Cuando vas asumiendo la situación, la bruma comienza a gotear por encima de la muralla este de la ciudad y una multitud corre frenéticamente. Un pensamiento cruza tu mente: ¿Es esto... el final?

Requisitos

  • Completa Mazmorra del dios del fuego una vez.